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Consejos para no ser estafada en dietas de adelgazar y productos light

Consejos para no ser estafada en dietas de adelgazar y productos light

Estar delgado se ha convertido además de en una moda, en una obsesión, casi en un deber social, ya que se considera a las personas con sobrepeso “algo poco elegante”, y al abrigo de esta nueva “religión” se ha desarrollado el gran negocio de las dietas, los productos lights y los centros de adelgazamiento.

Contra esta floreciente industria, basada en el exceso de kilos y grasa, claman cada cierto tiempo, y sobre todo después de los excesos de la Navidad,las asociaciones de consumidores, que recomiendan a los ciudadanos prevenir posibles fraudes. 
Consejos para no ser estafada en dietas de adelgazar y productos light Alertan sobre el peligro de consumir algunos alimentos que se anuncian como bajos en calorías, o sobre ciertos centros de adelgazamiento, que incurren en fallos, “algunos realmente muy graves”, según la OCU, y que “ponen en peligro la salud de los pacientes, su economía y el objetivo de perder peso”.
La moda por la esbeltez se impuso después de la Primera Guerra Mundial, pero fue en los años 80 cuando empezó la auténtica cruzada contra los kilos superfluos y la obesidad con la proliferación de centros para adelgazar, píldoras milagrosas y recetas dietéticas.
Y junto a las clínicas, dietas y centros de adelgazamiento, que consiguen sabrosos beneficios a costa de las grasas que les sobran a algunos ciudadanos, se ha multiplicado la obsesión por los productos “light”: salsas, mahonesa, mermelada, leche o cerveza, que han reducido la proporción de grasas e hidratos de carbono por otros ingredientes con menos calorías.
Los productos lácteos fueron los pioneros en llegar al mercado de lo light (leche, yogur y, sobre todo, quesos) y también las margarinas “aligeradas” en las que se reduce considerablemente la cantidad de sal. Aunque la aparición de esta margarina está ligada con el nacimiento de los alimentos lights, la tradición cuenta que su existencia se remonta a principios del siglo XIX, y la relaciona con el hambre que pasaban en Rusia las tropas de Napoleón.
El Imperio no vivía ya el esplendor de épocas anteriores, y como Napoleón no podía conseguir mantequilla para sus tropas buscó al mejor médico de Francia para que creara un sustituto barato de la mantequilla. Así nació la margarina, a la que las malas lenguas francesas culpan de no conseguir que el Ejército francés soportara mejor los rigores del invierno, y lo que es peor, de perder la guerra.

Los centros de adelgazamiento y los “productos milagro”

En cuanto a los centros para adelgazar, además de la OCU, la Unión de Consumidores de España (UCE) recuerda en estos días que esos locales “ofrecen tratamientos caros que no bajan de las 1000 euros y que son “sólo relativamente eficaces”, ya que la única manera de perder kilos es comer menos cantidad y hacer algo de ejercicio.
La UCE, que ha consultado con especialistas en nutrición, asegura que algunas dietas, como las que restringen el consumo de algunos alimentos y las que prohíben tomar hidratos de carbono con proteínas animales, no tienen aval científico alguno.
Por lo que respecta a los “productos milagro”, hace ya unos años años el Consejo de Ministros prohibió la publicidad de este tipo de remedios contra la grasa, que “utilizan técnicas de inducción al consumo sin garantías técnicas ni sanitarias”, según el Gobierno, y que son denunciados reiteradamente por todas las asociaciones de consumidores.
Son productos a medio camino entre plantas medicinales, complementos alimentarios, cosméticos, especialidades farmacéuticas, alimentos dietéticos o dispositivos sanitarios. En resumen, especialistas en nutrición, asociaciones de consumidores, Instituto Nacional de Consumo y hasta el propio Gobierno de la nación coinciden en que para perder peso es indispensable una dieta buena, con menos calorías, pero completa y equilibrada.
Y para combatir los kilos que sobran es aconsejable acudir a un médico especialista, quien propondrá la dieta más adecuada a cada persona, además de que no hace falta recurrir a un centro privado. También la Seguridad Social se ocupa de combatir las grasas superfluas.

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