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Clases de Buenos Modales en Actos Sociales: vestidos, joyas y complementos

Clases de Buenos Modales en Actos Sociales: vestidos, joyas y complementos

Cenas informales, cócteles, comidas de negocios, bautizos, bodas, funerales, recepciones oficiales, cumpleaños, fiestas de empresa…

Vivir en sociedad implica la participación en este tipo de eventos, bien como invitados o como anfitriones, con la asiduidad que obligue la profesión, el cargo político, la fama o el prestigio.

Trajes, vestidos, joyas y complementos en los Actos Sociales

El fino olfato social detecta rápidamente quién tiene dinero, con la sutileza añadida de saber también desde cuándo. Aunque nos toque el gordo de la primitiva, debemos resistir la tentación de parecer un muestrario de joyería o un anuncio andante, exhibiendo iniciales y etiquetas de firmas.

Como en los actos sociales no se habla de dinero, digamos que no de forma tan explícita, estamos autorizados a responder con evasivas a los que pregunten a bocajarro el precio del reloj o la autenticidad del collar que llevamos. Siguiendo con tan espinoso tema, añadir que únicamente los y las arribistas encuentran encantadora la ostentación vulgar de los nuevos ricos.

Respecto al vestuario más adecuado, podríamos decir que la elegancia consiste en no llamar nunca la atención. A un almuerzo de trabajo, un aperitivo, una comida de negocios, incluso una cita en un restaurante, pero a mediodía, no hay que vestirse ni maquillarse en plan “Diana cazadora” ni presentarse con atuendo excesivamente informal. Zapato plano o de medio tacón, vestidos, trajes sastre de falda o pantalón evitando en lo posible el color negro, los tacones de aguja, la minifalda y los escotes (llevar la espalda al aire tampoco es correcto).

El uniforme del traje-corbata evita a los hombres muchos quebraderos de cabeza. De todas formas, también deben respetar las normas del buen gusto evitando herir la vista ajena con americanas verde loro, corbatas de payaso, calcetines blancos, el exceso de anillos, las cadenas de oro y los nomeolvides.

Buenos Modales en los Cócteles

Un cóctel es algo menos formal que una cena y un poco más que una reunión de amigos. No están bien vistos los tejanos, el calzado deportivo, las mochilas urbanas, los ordenadores, las carpetas… No hay que ofrecer aspecto de salir del trabajo. Con cierta habilidad, —cambio de camisa, blusa o zapatos, un toque de rímmel, etc.—, se logra el milagro. Si después del cóctel tiene que asistir a un concierto, una cena, etc., dígaselo a los anfitriones. Ya se encargarán de difundirlo y excusar su atuendo, a todas luces excesivo para un cóctel.

Todos saben que la duración del cóctel es de dos horas, tiempo calculado para que las personas aguanten de pie sin cansarse y beban sin caer redondos, al menos allí.
Los anfitriones recibirán a la entrada a todos los invitados, harán las pertinentes presentaciones, no formarán grupitos cerrados con los vips, y vigilarán discretamente que todo el mundo esté integrado y bien atendido. Sólo si hay mesas de soporte pueden servirse platillos que deban comerse con cuchara o tenedor para no obligar a hacer peligrosos malabarismos con la copa, la servilleta, el plato y los cubiertos.

Evite llamar la atención e incomodar a los camareros reclamando bebidas o comida que no tengan a la vista y que por lo tanto no tienen previsto servir. Es de mala educación hacerlo, aunque insista en pagar aparte su capricho. Al marchar, despídase de los anfitriones y agradezca la invitación.

Buenos Modales en Bautismos, Cumpleaños e Inauguraciones

En los bautizos y las comuniones, quienes marcan la pauta en la vestimenta son los padres de las criaturas. Son celebraciones familiares, aunque a veces se invite a personas no allegadas que deberán informarse discretamente sobre el particular para no desentonar del conjunto. Los padrinos adinerados —quizás elegidos por ese pequeño detalle— vestirán con discreción. Es de mal gusto hacer tal ostentación de poderío que pueda humillar a los progenitores.

El mismo comportamiento de moderación debe seguirse en cumpleaños, inauguraciones, homenajes o funerales. Puesto que los invitados no apagan las velas, cortan cintas inaugurales, firman libros o exhiben más dolor que los familiares próximos, tampoco tienen que vestirse ni comportarse como si fueran los reyes o reinas de las fiestas ajenas.

Buenos Modales en las Bodas

Las bodas son una auténtica prueba de fuego en el asunto de la vestimenta, el primer escalón en el que tropiezan quienes flojean en educación social. Los niños y niñas que no sean pajes o damas de honor, están exentos de esos increíbles trajes de ceremonia que, sobre todo a los niños, les da un aspecto de aristócratas británicos liliputienses. Algunas niñas toleran mejor que otras el exceso de volantes, aunque tampoco quedan bien disfrazadas de Sissí emperatriz para asistir a una boda. El hecho de ser pequeños no les impide sentirse avergonzados del mal gusto de sus padres, pudiendo ser causa de traumas infantiles obligarles a exhibirse en público con semejante atuendo.

Los hombres pueden ir de esmoquin cuando el novio y el padrino visten chaqué o esmoquin, nunca cuando éstos hayan optado por el traje. El traje de los invitados no debe llamar la atención. Es aconsejable un tono oscuro, poco recomendables los trajes estilo indiano, las rayas o los cuadros y prohibidos los estampados estridentes en las camisas además de los calcetines y zapatos de colores. Los diseñadores, interioristas, cantantes y famosos en general, se abstendrán de sacar su ego a pasear en la boda de otro.

Las mujeres, dado que la protagonista indiscutible de la fiesta es la novia, evitarán los trajes blancos o de color marfil, los complementos espectaculares y muy especialmente, los vestidos extremados y los escotes de vértigo. Estas vampiresas de salón no hacen sombra a la novia pero molestan a muchas invitadas, especialmente a las señoras casadas.Es posible que la dama en cuestión cause sensación entre los caballeros pero es más probable que no vuelvan a invitarla. En estas delicadas cuestiones sociales, las normas siguen siendo patrimonio de las féminas.

Las invitaciones

La primera regla de obligado cumplimiento es responder a todas las invitaciones para confirmar la asistencia o excusar la ausencia. La segunda, la puntualidad. Una persona impuntual exhibe justo lo que quiere esconder: inseguridad y ganas de llamar la atención, estados anímicos propios de la adolescencia que la mayoría de personas superan por sí mismas. (Si se prolongan más allá de los 18 años, conviene pedir hora al psicólogo).

Si llegar tarde forma parte de su digamos “peculiar personalidad”, tenga al menos la deferencia de no insultar la inteligencia de los demás hablando del tráfico (a menos que los demás invitados hayan llegado por vía marítima), o excusarse con “asuntos urgentes de última hora”. Es un error confundir el silencio con la aceptación. Las personas educadas —y las puntuales lo suelen ser— no dirán en voz alta lo que piensan, pero tomarán buena nota.