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Licencia de paternidad y maternidad: toda la información

Aunque en la actualidad son pocos los hombres que hacen uso de este derecho, tienes que saber que tu marido también puede beneficiarse de unos días de descanso para disfrutar y cuidar de vuestro bebé.
En octubre de 1999 se publicó la para promover la Ley Conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, en el que, entre otras medidas, se articuló la normativa sobre permiso de paternidad. Dicha Ley tiene como objeto facilitar que los trabajadores compatibilicen su profesión con los trabajos domésticos y familiares
Sin embargo, menos de 2000 hombres se acogieron a este derecho durante el pasado año, lo que representa aproximadamente un 2% del total de los que podrían haberlo hecho. Datos como éste ofrecen una visión negativa de cómo ha sido acogida esta normativa entre los españoles, debido quizás, al desconocimiento, o, en la mayoría de los casos, a la costumbre que ha imperado siempre en nuestro país. Esto hace que España se encuentre a años luz de otros países como Noruega o Suecia, en los que entre un 70% y un 100% de los padres se acoge al permiso de paternidad. 

Los términos en los que se articula la ley establecen que serán 16 las semanas que tenga la pareja gracias al permiso de maternidad/ paternidad. De éstas las seis primeras deben ser obligatoriamente para la madre, mientras que las diez restantes pueden ser distribuidas entre los dos miembros de la pareja. 
Teniendo esto en cuenta, se puede decir este permiso de paternidad se realiza a expensas de los derechos de la mujer, ya que serán menos las semanas de las que ésta disfrute. Esto ha provocado un debate en algunos sectores sociales y políticos, ya que se ha solicitado que dicho derecho se establezca de forma paralela para hombres y mujeres, de manera similar a como ya se hace en algunos países del norte de Europa. Siendo así, tanto tu marido como tú podríais disfrutar simultáneamente de unos días de descanso dedicando todo el tiempo a vuestro hijo recién nacido.
Adopciones
La Ley de Conciliación de la vida familiar y laboral de los trabajadores también hace hincapié en el hecho de que se ofrecerá un permiso de maternidad/ paternidad de iguales condiciones al que ya se ha hecho referencia a las parejas que decidan adoptar un niño. 
Con esta iniciativa se trata de equiparar los derechos de los padres biológicos con los que hayan decido adoptar un bebé. Además, si ésta es internacional, el permiso del que disfrutará la pareja podrá iniciarse hasta cuatro semanas antes de que se den por finalizados los trámites de dicha adopción. 
El objeto de esta normativa es facilitar a los futuros progenitores el traslado a la ciudad de origen del niño. Pero si quieres saber más sobre todos estos temas no tienes más que acudir al texto de la Ley que te ofrece el sindicato Comisiones Obreras a través de la red.

Otras ventajas
Dejando a un lado el permiso de maternidad/ paternidad, también debes saber que puedes beneficiarte de algunos derechos por el hecho de ser madre trabajadora. En este caso, la Ley contempla la posibilidad de la reducción de la jornada laboral (con la consiguiente reducción del sueldo) o la posibilidad de disfrutar de una hora al día (dividida si así se quiere en dos turnos de media hora) siempre que los niños sean menores de nueve meses en concepto de Permiso por Lactancia. A éstos derechos se podrán acoger cualquiera de los miembros de la pareja.

Discusiones de pareja: crisis, problemas y consejos

La educación de los hijos, el dinero, el fútbol, la limpieza del hogar, … Sólo un 18% de los hispanos afirman no discutir nunca con su pareja, aunque a veces el silencio puede ser signo del fin de una relación. Según los psicológos, las disputas controladas pueden ser un seguro de vida en las parejas.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, aseguraba que “la civilización surgió cuando el hombre dejó de tirar piedras y lanzó el primer insulto“. Y debía tener razón, porque hoy en día sólo un 18% de las parejas no incluyen las discusiones en su comunicación.
Los expertos confirman la utilidad social de las peleas: por un lado son una vía de escape en la convivencia, y por otro, pueden ser una señal de que esa pelea oculta un verdadero problema de fondo que puede llegar a acabar con la relación. “Lo que hay que tener claro”, explica Ángeles Sanz, psicóloga clínica y especialista en terapia de pareja del grupo CINTECO “es cuándo se discute para conseguir un acuerdo algo positivo; o cuándo no se busca solución”. La diferencia depende de la forma en que actuemos:

  • Pelea constructiva. Es la más eficaz si quieres que se acepten tus peticiones. Debes utilizar un lenguaje directo para exponer los argumentos (“Me encantaría ir este verano a la playa”).
  • Pelea destructiva. Normalmente sigue tres pautas: la utilización de terceras personas para conseguir el fin (“A los niños les vendría muy bien ir a la playa”), la crítica constante (“No quieres ir nunca a la playa”), o el chantaje (“Si no vamos a la playa, no te vuelvo a acompañar al fútbol”). La primera consecuencia es el rechazo sistemático de lo que se pide, la segunda es la bronca segura. Además, en el caso de que en las peleas se involucre a los hijos, el resultado es especialmente nefasto, porque tal y como explica la directora del centro de resolución de conflictos APSIDE, Trinidad Bernal, “cuando peleamos no controlamos las emociones y herimos a los seres queridos, en este caso a los hijos, que son los más vulnerables”.

La suegra y los niños

La forma de comunicarse en la pareja es uno de los factores que más peleas provoca. En ocasiones, somos incapaces de hacer entender a nuestro compañero lo que necesitamos, y simplemente se lo exigimos: “estamos utilizando un idioma distinto”, comenta Ángeles Sanz. Pese a todo, casi todas las disputas conyugales se originan, según los expertos, en torno a estas áreas:
  • Dinero. Las parejas no se suelen poner de acuerdo sobre las prioridades que tienen a la hora de emplear los ahorros. Por ejemplo, es frecuente que ellos prefieran invertirlos en un coche y ellas en unas vacaciones. De hecho, tal y como refleja una encuesta realizada por la empresa de sondeos Iope Test para Quo, casi el 13% de las parejas españolas se enfadan por motivos económicos.
  • Familia política. Muy pocas veces, a los familiares políticos se les trata de igual forma que a los padres naturales, por lo que criticarlos es en realidad un ataque velado pero directo a la propia pareja.
  • Ocio. Ocurre cuando uno de los dos trabaja fuera del hogar, ya que preferirá a menudo descansar el fin de semana en casa, justo lo contrario que su pareja.
  • Hijos. Los errores que cometen se suelen achacar a la educación más o menos permisiva que “el otro” tiene con ellos. Nada menos que el 26% de las familias españolas pelea por el comportamiento de los hijos; es más, desde los 30 hasta pasados los 65 años es el principal motivo de conflicto.

El fin del amor

La evolución de las peleas en los humanos suele cumplir ciertas normas. Es fácil observar cómo los niños discuten con sus compañeros para reivindicar su territorio o su propiedad: (“Ese niño me ha quitado mi balón” o “Mamá me quiere más a mí”). 
Las parejas adultas siempre discuten por lo mismo: yo quiero algo que tú no me das“, explica Angeles Sanz, “pero no está claro que exista una época común en la que empiecen las disputas conyugales“.
También parece comprobado que las parejas que aseguran no pelear habitualmente, no son más sólidas que las que sí lo hacen. Todo se basa en un problema de mala comunicación; los que tienen una comunicación por exceso, pelean, y los que tienen una total ausencia de ella, caen en el silencio lo que acabará con su relación“, afirma Trinidad Bernal. El hecho de que, tal y como refleja la encuesta de Iope Test, el 18% de las parejas no discutan, algo que no tiene por qué ser positivo.

Peleas en público

Pero no todas las peleas de pareja son iguales, de ahí que no deban interpretarse de la misma manera. Los expertos creen que, a medida que la relación se deteriora, se suele perder la noción de la situación y se comienza a pelear en lugares públicos.
Hay personas que viven sus peleas como si estuvieran representando un espectáculo. Necesitan actuar para demostrar a su pareja que están muy enfadadas. Otros eligen discutir delante de terceras personas, sobre todo amigos, esperando que estos ejerzan como jueces y dictaminen quién de los dos tiene la razón.
También existen parejas que parecen estar siempre al borde de la ruptura: necesitan pelear para que su relación funcione, como nexo de atracción que utilizan para revivir su sexualidad. Las parejas que optan por resolver los conflictos de esta manera suelen ser bastante viscerales, cargan sus relaciones sexuales de emociones e incluso dan salida a otros problemas a través del sexo. “En principio, esto no es malo siempre y cuando los dos estén dispuestos a utilizar esta misma fórmula“, explica Trinidad Bernal, “aunque normalmente es sólo un miembro de la pareja el que toma esta opción y acaba por obligar al otro“.
Otras parejas -las menos- discuten por el placer que les supone la reconciliación posterior. Como una variante de masoquismo, no les importa sufrir si saben que habrá una gratificante recompensa, como por ejemplo una dosis extra de cariño.

Cuando no hay solución

La estabilidad de una pareja empieza a tambalearse cuando sus peleas cumplen, más o menos, las siguientes características:
  • Exigencias. Se empieza exigiendo a la pareja concesiones que no está dispuesta a dar, y se le menosprecia si no accede a ellas. Primero se le sugiere (“Me gustaría tener un abrigo de visón”), después se hace una comparación (“Mi hermana tiene un abrigo de visón”), y por último, se pasa a la crítica (“Te gastas todo el dinero en ti”).
  • Negación. La primera reacción a las exigencias de la pareja es la negación, porque si aceptase supondría perder la batalla. Luego acaba cediendo, para evitar tener todos los días la misma discusión.
  • Imposición. Llegados a este punto la solución es complicada: el miembro de la pareja que inicia la pelea sabe cómo conseguir doblegar al otro, y a partir de este momento, en vez de recurrir a la sugerencia que sería el primer paso lógico, le exige lo que quiere directamente. “Cuando se llega a esta situación, el deterioro de la relación es notorio”, asegura Ángeles Sanz.

La callada por respuesta

La agresión no tiene por qué ser siempre verbal y activa. En los últimos años se ha notado un incremento de las agresiones pasivas, sobre todo protagonizadas por mujeres. “Consiste en hacer caso omiso a lo que tu pareja te cuenta para ir minando su paciencia sólo con la indiferencia y el desprestigio”, explica Ángeles Sanz.
Por regla general, los varones son más impulsivos y algunos pueden pasar más fácilmente que las mujeres de una pelea verbal a los daños físicos. Según datos del Ministerio del Interior, solamente durante el año pasado, unas 16.000 mujeres españolas tuvieron que ser atendidas a consecuencia de malos tratos físicos o psíquicos a los que les sometieron sus parejas. Sin embargo, aunque según opinan los psicólogos, no existe una clara relación causa-efecto entre las peleas conyugales y los malos tratos, “sí hay un agravante en las personas que de pequeñas han sufrido malos tratos”, comenta Bernal, “ya que, en su caso, un ambiente continuo de pelea puede degenerar en violencia”.

Verde, amarillo y rojo

Las peleas funcionan igual que un semáforo“, asegura Ángeles Sanz, “si aprendes a tener precaución con el ámbar es que estás frenando a tiempo“. En el momento en el que nos ha molestado algo, lo mejor es comprobar si nuestra luz está en rojo, en ámbar o en verde. Sólo este último color permitirá solucionar las cosas; saltárselo en rojo implica el riesgo de estrellarse. 
Pero lo más importante de todo es pensar en las consecuencias de una discusión: la peor de todas es que, en el tiempo necesario para que se produzca la reconciliación, la pareja se va enfriando y queda expuesta a cualquier interferencia.

Síntomas de parto días antes: Últimos días del embarazo

Estos días finales del embarazo se te están haciendo muy cuesta arriba, porque dudas a cada momento de si lo que haces puede afectar al bebé o no. No te obsesiones, cuídate mucho, muévete con cuidado y disfruta leyendo o paseando. Tener miedo al parto, ahora que lo ves tan cerca, es algo normal, pero no te dejes acobardar por ello. Piensa que el organismo femenino está capacitado para dar a luz y que te has estado preparando durante estos meses para sobrellevar el parto de la mejor manera posible.

mujer embarazada acostada

Comenta tus miedos con tu pareja

Hablar de tus sentimientos te ayudará a superarlos. También te vendrá bien comentarlos con tu ginecólogo. Escuchar por boca de un profesional que todo está controlado te ayudará a estar más tranquila, y hay datos médicos que demuestran que cuanto más positiva es la actitud de la madre en el parto, más fácilmente transcurre éste.

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Cómo entretener a niños en vacaciones | 4 Juegos de 3 a 12 años

Sabemos lo difícil que es ser madre y tener que cuidar a los niños en las vacaciones, fomentar actividades alejados de la computadora, los vídeojuegos y crear esa socialización física con amigos y familiares de forma sana, ayuda a crear relaciones más afectivas y más conscientes, es por eso que para que tus hijos o tus sobrinos no se aburran durante las vacaciones, te proponemos algunos juegos muy simples de llevar a cabo. niños jugando

La charca de las ranas

  • Edad: 3 años – 8 años
  • Tipo de actividad: Juegos imaginativos (de roles)
  • Lugar de la actividad: En interiores
  • Material: Un cordel bastante largo
  • Descripción: Este juego necesita, al menos, dos participantes.
  • Instrucciones. Coloca un cordel en el suelo a modo de círculo e indica a los niños que se coloquen en el interior del mismo. Explícales que el círculo representa una charca de ranas. Empieza dirigiendo tú el juego y quédate en la orilla. Cuando digas: ¡A la orilla!, los niños deberán saltar fuera del círculo, y cuando digas: ¡a la charca! deberán meterse. Dilo cada vez más rápido, cambiando el orden, y más de uno se confundirá. El que no se confunda durante cinco veces seguidas, será el que ocupe tu lugar de decir las ordenes.

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